RESEÑA DE TURNO DE NOCHE

'Turno de noche', novela corta de Miguel Ángel Carcelén Gandía, premio 2000 de la ciudad de Móstoles, es una obra valiente sobre el mundo carcelario, en la que el autor se atreve, incluso con ciertos puntos de vista que a algunos lectores parecerán bastantes subjetivos, a sacar a la luz esa parte ocultada, expulsada de nuestra realidad. Es una narración que contiene varios grados de lectura; una puede ser como la de un reportaje bien documentado, realizado desde dentro, incluso da la impresión de que subyacen en el texto ciertos elementos autobiográficos, sobre el mundo carcelario. En un estilo sobrio, conciso, realista, crudo y adaptado al mundo que describe (al final de la obra hay un pequeño diccionario de argot carcelario), y con ciertos toques de humor negro, describe con detalles técnicos, con precisión de documental, ese mundo asfixiante de las cárceles españolas, en las que presos y carceleros, a pesar de sus diferentes status, pertenecen a otro mundo, encarcelados ambos en una grisacea, autista burbuja, separados radicalmente del exterior, con un hipócrita cordón sanitario contra apestados, y que siempre produce la sensación, a los de afuera, a los de lejos, cuando leen un narración como ésta, o visionan una película norteamericana (el único país que se ha atrevido con valentía a reflejar y recrear en el cine ese atroz submundo), de una bajada al auténtico infierno.
Otra lectura de la obra es la del folletín decimonónico -que quizás a causa de una sobredosis de realismo, de verdad, puede provocar en el lector una falsa impresión de falsedad, de inverosimilitud-, en el que dos señoritos, Navia Peñal y Ricardo, encarcelados por estafa financiera (un asunto muy de actualidad) se compinchan, claro que a cambio de dinero, con dos lumpens -Aguirre, un gitano drogadicto, de noventa kilos y casi dos metros y Palomo, un preso enfermo de sida, diestro con la navaja, con la jeringuilla clavada todo el día en las venas y totalmente zumbado por las drogas-, para escapar de la cárcel. Desean realizar sus sueños. Unos para holgar -como colofón, como fuegos artificiales de sus míseras existencias, la mitad de ella transcurrida en las cárceles-con unas soñadas, despampanantes lumis, de preferencia mulatas. Y otros para escapar al paraíso de todos los evadidos con algo de dinero, a Latinoamérica. Esta fuga rocambolesca, con degollamiento de un funcionario de por medio, con extrema violencia, traiciones, con escenas del más negro humor, termina como el rosario de la aurora, a causa una inesperada delación, que remata la narración con un final sorprendente, irrisorio. Lo que demuestra que es el amor, incluso el lésbico, el que siempre mueve el motor de nuestras pequeñas historias.
La tercera lectura puede ser la de las amargas reflexiones del narrador y de los propios personajes de la narración sobre el mundo carcelario, sus vidas fracasadas, la función inútil de los carceleros, la ineficacia de los reglamentos y la falacia de los teóricos programas de reeducación e inserción en la vida civil de los presos.
Turno de Noche, de Miguel Ángel Carcelén Gandía, nos deja, tras la lectura, una sensación de pena hacia ese mundo carcelario y sus pobres protagonistas, todas víctimas de cierto malvado destino. Como en la vida misma.
Carlos Malatesta.

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