Del índice al corazón

“Cuando se acerca el fin,
ya sólo quedan palabras”
Jorge Luis Borges


Níveas las manos, el destino jugueteaba en esos apenas pliegues de las palmas.
Del índice al corazón no hay líneas, Mara. Hasta en eso quiso Dios que descubriéramos que la razón y el sentimiento trazan sendas paralelas hasta el infinito.
Dios no existe, sólo existen los espejos, un amago de futuro, tú y yo.
Luego Mara se dejaba explorar, desnuda sobre el diván, por los labios del joven aprendiz de filosofía. El cabello suelto y alborotado como su infancia de niña provinciana “con papás de posibles” ; el gesto gozoso y abandonado así su adolescencia de internado católico y veraneos en Ossa de Montiel ; la piel tersa, cuidadamente descuidada, geografía física del puro placer, “almíbar postmoderno” había aventurado en un arrebato de goce carnal su rendido amante tal era su juventud de precoz juez de lo civil en una modesta capital.
Transparencias dehiscentes sus caderas, muñeca de porcelana que arañaba el aire mientras exiliaba el pensamiento lejos de aquel vergel de enredaderas que componían sus brazos y las manos del joven (lúbrico auriga), sus piernas y sus labios, sus dedos y su espalda.
Mara, Mara, Mara...
Resolución del 7 de Mayo de 1997. Según el examen de las pruebas y etc,etc, etc... Roberto Cruz Santana, natural de etc, etc, etc, debe abonar un importe de doscientas cincuenta mil pesetas a Luis Cipriá Tomás, natural de etc, etc, etc como indemnización por los desperfectos sufridos en su piso, ubicado en etc, etc, etc, a consecuencia de la negligencia del primero en los apartados que se especifican al dorso.
Te quiero, Mara; te quiero.
No hables.
No conjugar el amor con la mentira, la palabra con el deseo, el disfrute con la explicación.
No hables, por favor, no lo estropees.
“Llegará un día en el que os creáis autosuficientes recordaba de una lluvia que asolaba los cristales y de sor Pilar, que asolaba sus ensueños quinceañeros ; en el que sólo os importen dos cosas: vosotras mismas y vosotras mismas. Jovencitas, el mundo es enorme y sólo somos suspiros. Ese día procurad salir a la calle y que la calle entera se meta en vuestros ojos. Sólo somos suspiros”.
Suspiros de su compañero de diván que regresaba de lo más alto del deleite.
Mara
Psisssss...

El día del enfermo mental, movilización de las asociaciones de padres en contra de la reforma escolar, tres rehenes en Argelia, , Óscar Arias investido doctor honoris causa por la Universidad de Extremadura, se reabre la investigación del incendio de Yeste, cada tres segundos muere un niño, Timothy Plyth asesina a 34 personas, un tercio de la selva amazónica deforestado... ¿y qué?, ¿y qué?, ¿Y QUÉ?
...¿y qué?, ¿y qué?, ¿Y QUÉ?
Mara, ¿qué dices?
Calla, por favor, calla. Se va a despertar la niña.

Otro día fue un primo segundo suyo, un procurador que debía pernoctar en la capital.
Suerte que estabas en la cafetería; ya me veía en una pensión de mala muerte.
Suerte la mía, así me podrás poner al día de las cosas del pueblo. Hace un siglo que no he ido, hasta se me han olvidado los nombres de las lagunas, ¡figúrate! ¿Redondilla es la pequeña?
Una semana, otra, un boquete profundo en el calendario de sus sentimientos y Alfredo, el procurador, se instaló en su vida.
Mara, ¿no puedes apagar la radio ni siquiera ahora?
...
¡Mara!
Es por la niña se disculpaba ella al tiempo que dejaba caer el camisón a un lado de la cama.
Te quiero.
Auto de procesamiento contra A.B.G., nº de expediente interno 25375/12/8, causa registrada en folios 789 y siguientes. Dos veces pendiente de fallo. Acusación: fraudey usurpación de funciones públicas (nº 45, apartado 7)
La sensación de que el universo se reducía a aquel torso musculoso en el que se concentraba el más alto placer la inquietaba. Exploró cada poro de piel que se hermanaba con la suya propia; arañó suavemente aquella cadencia que la alejaba de la rutina y el vacío.
Diligencia de ordenación nº 221: nula por desistimiento del demandante...
Níveas las manos, las reconoció como extrañas cuando se hundieron en las caracolas del cabello de Alfredo.
Quiéreme, además, Alfredo.
Te quiero acertó a pronunciar entre jadeos.
Y por el tono y el extraño brillo de sus ojos, Mara supo que no era cierto. “Sólo existen los espejos y un amago de futuro”, pensó tristemente. Alfredo salió de su vida con la misma facilidad con la que entró.

Fue la última concesión desde hacía cinco años todas las concesiones eran las últimas . Él era educado, distinguido, algo más joven que Mara, muy atractivo.
Permíteme que te invite, Mara. dijo extendiendo un billete al camarero.
Mara se sintió obligada felizmente obligada a corresponderle con un café (“Un Nescafé debe ser, me has pillado con la despensa vacía”) en su apartamento. El café interpretó con experiencia magistral su papel de preámbulo; unas palabras tan inofensivas como las sonrisas que las limitaban y unas manos que buscan otras manos: “Mara, tienes unas manos de porcelana”.
Él la atrajo hacia sí con cuidada fuerza. La besó y comenzó a desnudarla.
Vamos a la habitación, no quiero que se despierte la niña.
Se prodigaron caricias nacidas, en un caso, del deseo, en otras, de la soledad. Se susurraron letanías ininteligibles. Casi se amaron.
Mara, no quiero que nos llamemos a engaño. Aquí muy pronto te enteras de todo y no quiero herirte. No me importa que seas madre soltera ni lo que pueda decir la gente. Me ha apetecido hacer el amor contigo porque me pareces la mujer más dulce que he conocido en mi vida.
Mara oía ensimismada; por primera vez en mucho tiempo sintió pudor.
¿No podrías aprender a quererme?
Podría dijo él , pero esas cosas no se aprenden.
Se vistieron en silencio. El radio reloj coloreaba de rojo la una y diez de la madrugada. Luego él la besó en la frente y se despidió.
La última noticia que escuchó fue la del accidente de un avión cerca de Miami. Apagó el radio reloj, ya no tenía objeto su función encubridora. Se dirigió a la habitación de su hija.

Resolución del 13 de Mayo de 1997. Póngase en conocimiento del juzgado de lo penal de Ávila y nº 3 de Zaragoza. En atención a todo lo dispuesto para la reapertura del caso Linx, S.A. (38845/56) se...

Níveas las manos, el gesto decadente de tísica doncella medieval , sentada en el borde de la cama infantil.
Níveas las manos que apartaban ese mechón del reposado sueño de la niña.
Níveas las manos... “No puedo legarle sufrimiento”.
Níveas las manos que apretaron y apretaron el cuello de la criatura hasta que ésta dejó de convulsionarse.
“Sólo existen los espejos”, pensó Mara. Y al poco comenzó a amanecer.

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